Después de unas semanas de desconexión total hay que volver poco a poco a la rutina, y que mejor manera de coger el hilo que volviendo a retomar los apuntes de Método y técnicas de investigación en comunicación de masas. Esto de volver a empollar, resumir, leer… es duro ya de por si, pero si encima se hace después de haber pasado un par de semanas relajantes por las tierras castellano-manchegas y del levante español, la cuesta se hace más empinada. Por suerte tengo un buen profesor particular que me ha hecho recordar las buenas prácticas para poder estudiar eficazmente; y es que en una carrera mayoritariamente práctica, eso de empollar se olvida y después vienen las agujetas mentales y los lloros cuando tenemos que enfrentarnos a las bestias negras de la carrera y Métodos es el rey de los bichos.
Estas vacaciones, además, han sido cogidas con ganas ya que, después de tres años enclaustrada en el Coc, sirviendo croquetas y canalones, ha sido el primer año, después de todo este tiempo, que he podido disfrutar del pueblo en el mes de agosto. Allí he podido realizar la labor de guía turística y enseñar los encantos de la Serranía Baja, sus paisajes inolvidables, el clima, las gentes, la comida…
También hemos hecho una incursión de dos días en Toledo, unos días sin incidentes automovilísticos a pesar del GPS y de la horrenda señalización provisional por obras. Es extraño que este viaje a la antigua capital del reino no acabara como mi viaje a Madrid: perdida, cabreada, medio arruinada por la feliz idea de hacer zona verde y/o azul a toda la puñetera capital y resignada ante la suprema inutilidad del GPS. Donde esté una buena guía…
Ahora estamos en un momento de recogimiento motivado por el susodicho examen. La idea, si todo sale bien y no surgen imprevistos (este verano nos ha hecho más tolerantes a los imprevistos que te cambian los planes), es la de hacer una incursión por tierras sorianas la segunda quincena de septiembre para terminar de quemar el cartucho de las bien merecidas vacaciones.
Por cierto la elaboración de esta estrada ha sido elaborada durante mis minutos de descanso del estudio, que luego mi profesor lo lee y se piensa que me he escaqueado durante su ausencia.
Estas vacaciones, además, han sido cogidas con ganas ya que, después de tres años enclaustrada en el Coc, sirviendo croquetas y canalones, ha sido el primer año, después de todo este tiempo, que he podido disfrutar del pueblo en el mes de agosto. Allí he podido realizar la labor de guía turística y enseñar los encantos de la Serranía Baja, sus paisajes inolvidables, el clima, las gentes, la comida…
También hemos hecho una incursión de dos días en Toledo, unos días sin incidentes automovilísticos a pesar del GPS y de la horrenda señalización provisional por obras. Es extraño que este viaje a la antigua capital del reino no acabara como mi viaje a Madrid: perdida, cabreada, medio arruinada por la feliz idea de hacer zona verde y/o azul a toda la puñetera capital y resignada ante la suprema inutilidad del GPS. Donde esté una buena guía…
Ahora estamos en un momento de recogimiento motivado por el susodicho examen. La idea, si todo sale bien y no surgen imprevistos (este verano nos ha hecho más tolerantes a los imprevistos que te cambian los planes), es la de hacer una incursión por tierras sorianas la segunda quincena de septiembre para terminar de quemar el cartucho de las bien merecidas vacaciones.
Por cierto la elaboración de esta estrada ha sido elaborada durante mis minutos de descanso del estudio, que luego mi profesor lo lee y se piensa que me he escaqueado durante su ausencia.
Foto realizada y cedida gratuitamente por Vaklam
